El dolor paraguayo
El dolor paraguayo Somos todos mentiras vivientes. De un lado, en el poder, con nuevas ideas, con prejuicios menos estrechos y sentimientos más generosos, dos o tres jóvenes obligados a aceptar las viejas formas sociales y a pasar por traidores a su conciencia; forzados a cometer la doble injusticia del rigor con los unos y del favor con los otros. Y enfrente, en la llanura, agitadores de universidad aristocratizados aunque no queramos por nuestra propaganda, nosotros los libertarios de pulcro estilo, cuello reluciente y corbata bien hecha…
¿Será peor ser a medias lo que se sueña ser que no ser nada? ¿Tendremos algún día el valor de ir hasta el fin y de maldecir estos dedos pálidos, y la educación que nos dieron, y cuánto hay de civilizado y cobarde en nuestras almas? ¿Tendremos el valor de ir a la miseria con los brazos abiertos, y de gritar, como Job, no desde nuestros libros a tanto el tomo, sino desde el estiércol humano fecundador del mundo? Quizá sea tarde; quizá no veamos nunca en los ojos de los que defendemos el relámpago de la divina y fraternal confianza…
Y sin embargo, humillados y a ciegas, nos es preciso seguir luchando, y hacernos la ilusión de que nuestra vida no es completamente inútil.
[Germinal, N.º 5, 30 de Agosto de 1908]