El dolor paraguayo

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TIROS EN EL PARAGUAY[43]

Habito una estancia en tierra paraguaya, no lejos del ancho Paraná. Este bello desierto no está, como podría esperarse, al abrigo de la política. Aquí, también late el atroz problema de los azules y los colorados. Se parecen tanto unos a otros los partidos, que la única manera de distinguirlos es ponerles un color. Así, se distinguen las piezas de los adversarios en el juego de damas o en el ajedrez. Los hombres se atan al cuello un pañuelo celeste o rojo, con lo cual se ahorra juiciosamente la molestia de inventar un programa, Para ser exacto, añadiré que los azules o liberales se han subdividido en dos ramas, «cívicos» y «radicales». Los radicales están en el poder. Echaron en julio de 1908, por un golpe militar, a los cívicos, que habían echado a los colorados por la revolución de 1904, La existencia de los partidos y su tendencia a ramificarse obedece, en el Paraguay, lo mismo que en Inglaterra, a que el presupuesto no da para todos. Los que no comen del Estado sienten arder el patriotismo en sus venas, y se lanzan a la lucha. En los países pobres, sin comercio ni industrias, los jóvenes instruidos no tienen más carrera que la política, equivalente a conspiración y matanza, donde los pobladores no están unidos al suelo por las raíces de la riqueza, y donde es fácil arrearles y hacerles aceptar la vida vagabunda y ecuestre de revolucionarios criollos. En los civilizados, donde la gente funcionaria o aspirante a serlo forma una insignificante minoría frente a los nudos de la vasta y rígida urdimbre económica; en los países donde no manda ya el hierro, sino el oro, la guerra partidista, preñada de iguales odios, se reduce a la locuacidad parlamentaria, lo que, sin duda, es preferible, aunque menos pintoresco, menos cargado de matiz local.


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