El dolor paraguayo
El dolor paraguayo Si los dioses no lograron resistir a la máquina, ¿cómo resistirán los que imperan en nombre de los dioses, y representan la autoridad incomprensible y arbitraria de lo absoluto? Los gobiernos son todos malos, porque están encargados de mantener el orden, es decir, de estorbar el movimiento. Se conservan con una relativa estabilidad donde se han comprometido seriamente a no hacer nada. Mas no es esto suficiente. En medio de la circulación universal son obstáculos pasivos e irritantes, que el torrente humano se cansa de rodear todos los dÃas. De cuando en cuando las máquinas de muerte que pusieron en manos esclavas, se vuelven contra ellos, y la misma dinamita que raja los montes para las locomotoras, hiende el cráneo estúpido de los que tardan en marcharse. No es el ejemplo de Rusia el que viene a mi memoria, sino el tipo medio del gobernante, el que se destierra de la verdad, rodeado del enjambre de zánganos cuyo único oficio posible es la polÃtica, Luis XVI acostumbró desde adolescente a consignar en un cuadernito los acontecimientos diarios. Nada tan sugestivo como la ausencia mental de este desgraciado, que nunca se enteró de lo que pasaba en su paÃs. La ocupación favorita del Rey era la caza. Según las estadÃsticas que él mismo preparaba, Luis XVI mató en trece años 189 251 piezas y acostó 1274 ciervos; el 28 de junio de 1784 mató 200 golondrinas. Anota en su diario los 43 baños que le recetan en 26 años, dos indigestiones, varios resfrÃos y ataques de hemorroides. Cuando no hay caza, audiencia ni indisposición, se contenta con escribir: «Nada»… Las convulsiones de Francia no llegan hasta él. En todas las fechas famosas de 1789 y de 1791 se encuentra en el cuadernito la sempiterna palabra: Nada. El ungido de Dios no sabÃa nada. La guillotina, que es también una máquina, despidió esta cabeza huera al cesto de las cosas inservibles.