El dolor paraguayo
El dolor paraguayo «Ha habido elecciones en Córdoba. Según el telégrafo, millares de ciudadanos se han vuelto a sus casas, imposibilitados de votar. Ha habido elecciones en Rosario. Según el telégrafo, sólo votaron los elementos reclutados por el oficialismo con libretas que se distribuían al montón. Hubo elecciones en San Luis. Según el telégrafo, los votantes fueron citados por el jefe político, que les iba pidiendo el voto. En Buenos Aires la Unión Nacional sostiene la candidatura de Sáenz Peña, y la Unión Cívica sostiene la de Udaondo; las dos Uniones se increpan mutuamente. La Cívica dice que su adversario está a las órdenes del Ejecutivo, La Nacional invoca el caso de Palermo, “en que el padrón original fue hallado por la policía en el Comité de la Unión Cívica, cuyos miembros estaban manipulando a solas las tachas”. Cívica, Nacional… ¡a cualquier cosa llaman las patronas chocolate! Manipular tachas… ¿qué cocina es esa? El diario más sosegado de la República concluye: “Esto de la compra de votos, y de los registros falsos, y de las canchas de taba adyacentes al comicio, es clásico hasta el fondo de las entretelas”. Figueroa Alcorta indulta a un condenado por fraude electoral, y hace bien, El fraude no es un delito, es una costumbre. ¡Además, el pobre Llames tenía tantas desgracias encima! Era borracho, pendenciera y ladrón. Se ha fallado el proceso contra los ladrilleros: un señor Ferreyra, ansioso de representar a su país, se entendió con la Sociedad Fabricantes de ladrillos de la capital. Ferreyra se comprometía a obtener la modificación de ciertas ordenanzas, y los ladrilleros firmaron el acuerdo siguiente: “Para las elecciones de 1910, cada socio firmante deberá proporcionar al señor Ferreyra diez votantes, o en su defecto abonarle la suma de doscientos pesos para suplir dichos votos». El defensor de Ferreyra estuvo oportuno: «Se trata de un pacto perfectamente legítimo, dijo; este sistema es conocido y practicado por todos los hombres políticos y todos los partidos que aspiran a gobernar”».