El dolor paraguayo

El dolor paraguayo

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

¡Ah, el desprecio del pobre, el asco del obrero, la delicia de atormentar al débil! Por las venas del poseedor argentino corte la sangre torquemadesca de los aventureros que sepultaban a los «infieles» americanos en las minas o los quemaban vivos. Se adora la cruz crucificando al prójimo. Se adora la propiedad expropiando los tuétanos del prójimo. He aquí noticias frescas de la madre España: «4 de junio. — Un obrero se presentó a consultar a uno de los médicos del Patronato contra la tuberculosis, establecido en Barcelona. El doctor que le auscultó notó sobre el brazo derecho un tatuaje representando una alegoría revolucionaria. Los miembros del Patronato y las damas del comité se indignaron y resolvieron hacer desaparecer este tatuaje. Se ensayó inútilmente catequizar al obrero, luego le negaron ciertos alimentos, con lo que se debilitó más todavía. Finalmente se resolvió hacerle una operación sin tener en cuenta su estado de debilidad que hacía imposible el uso de cloroformo. Cuando los médicos le hubieron arrancado la piel, le enviaron en un estado deplorable al doctor Queraltó, que denunció el hecho en una reciente conferencia y ahora es objeto de las persecuciones del Patronato» (Le Matin y otros periódicos franceses). «Tal madre, tales hijos». En la Argentina, donde no hay quien se apasione teologalmente hasta ese punto, el poseedor o la autoridad grande o chica hace de ortodoxo, y el pobre hace de hereje. Un oficial le atraviesa la ingle con la espada a un conscripto, «porque no marcaba bien el paso». Extracto del informe sobre otro conscripto, Gismani: «Está probado que Gismani padece de una bronquitis asmática crónica… El sargento Pedroza oyó decir durante el descanso, al soldado Gismani, que aunque le dieran de palos no trotaría más por no poder ya hacerlo, y entonces mandó formar inmediatamente y ordenó diversos movimientos al trote… El soldado Gismani, después de dar algunos pasos al trote, terminaba dicha instrucción al paso, contestando al sargento Pedroza, que cada vez le gritaba que trotara: “¡no puedo trotar, mí sargento!”». El consejo supremo de guerra sentenció al conscripto Gismani a tres años de presidio, por insubordinación. Del Santo Oficio policial hablaré en seguida. Los inmigrantes son «gringos», «gallegos», acreedores a motes viles y la mofa sempiterna; mientras un capricho de la casualidad no los saque de pobres, estos desgraciados que proporcionan bloques de oro a cambio de un pedazo de pan, no son sino «hijos de la gran puta». En 1890, los «muchachos» de los cantones se solazaban en fusilar metecos distraídos. Mataron así a muchos trabajadores que cruzaban las calles, albañiles en los andamios, etc. Llamaban a tan chistosa operación «cagar gringos». La dorada juventud que se alineaba por las tardes en ambas veredas de la calle Florida para atentar al pudor de las señoras indefensas, acudía por las noches a las casas de prostitución, para destrozar el mobiliario y azotar a las mujeres. Uno de estos «indios», y digo indios puesto que se denominaron a sí propios «la indiada», mató de un tiro de revólver a un niño lustrabotas, porque no le hacía brillar bastante los botines. ¿Impunidad? ¡Claro es! Impunidad —y aplausos sinceros, de añadidura— hubo para los «indios» estudiosos que en Mayo, durante su grotesca cruzada contra la clase obrera, atropellaron e incendiaron hogares pobres. Estragos son de la codicia disolvente, que nos hacen dudar de la cohesión misma de los poseedores frente a un peligro serio, y del mínimum de solidaridad que se requiere en el caso de un conflicto exterior. No obstante sus Dreadnoughts lucrativos, la Argentina no es temible. Los jóvenes ricos de Nueva York iban voluntarios a Cuba. Al solo anuncio de la guerra con Chile, los de Buenos Aires se escaparon a Montevideo.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker