Moralidades actuales
Moralidades actuales Doscientas, doscientas cincuenta mil víctimas, provincias arrasadas, ciudades que se desploman de un golpe, el apocalíptico oleaje de lo sólido, el mar que se levanta como un muro, el juicio final para el sur de Italia, muertos lanzados de sus sepulturas, vivos enterrados, los espectros, la llama y la demencia corriendo sobre las ruinas, el infierno abriéndose paso hacia la tempestad… Y el cataclismo hiende también las edades, y llega hasta nosotros la voz de Isaías: «La tierra se tambaleará como un hombre ebrio; será transportada como la tienda que se alza por una noche».
La realidad formidable es que el planeta vive. Respira, suda, se estremece; su sangre de fuego circula bajo nuestros pies, su pulso late en los volcanes; sus ondas nerviosas van a las antípodas en pocos minutos; sus polos se aureolan de palpitaciones eléctricas. Somos microbios pegados a su piel. Calabria, San Francisco, La Martinica, Valparaíso, Messina… El monstruo se despereza… ¿despertará? Un escalofrío algo más profundo, una crispadura que amontone las aguas del Océano en una gota inmensa, irritada lágrima del Cosmos, y la humanidad será barrida.