Peter Pan
Peter Pan Garfio no era su auténtico nombre. Incluso en estos dÃas revelar quién era en realidad provocarÃa un enorme escándalo en el paÃs, pero como aquellos que leen entre lÃneas habrán adivinado ya, habÃa asistido a un famoso colegio privado y las tradiciones de éste seguÃan cubriéndolo como ropajes, con los cuales efectivamente están muy relacionadas. Por ello aún le resultaba ofensivo subir a un barco con la misma ropa con que lo habÃa capturado y todavÃa conservaba en su caminar el distinguido aire desgarbado de su colegio. Pero sobre todo conservaba el amor a la buena educación.
¡La buena educación! Por muy bajo que hubiera caÃdo, todavÃa sabÃa que esto es lo que realmente cuenta.
Desde su interior oÃa un chirrido como de portalones oxidados y a través de ellos se oÃa un severo golpeteo, como martillazos en la noche que impiden dormir. Su eterna pregunta era: «¿Te has comportado hoy con buena educación?».
—La fama, la fama, brillante oropel, es mÃa —exclamaba él.
—¿Es realmente de buena educación sobresalir en algo? —replicaba el golpeteo de su colegio.
—Yo soy el único hombre a quien Barbacoa temÃa —insistÃa él—, y el propio Flint temÃa a Barbacoa.
—Barbacoa, Flint… ¿A qué casa pertenecen?[11] —era la cortante respuesta.