Peter Pan
Peter Pan Es triste saber que ni un solo chico la estaba mirando mientras Smee la ataba al mástil: todos tenían los ojos clavados en la plancha, el último paseo que iban a dar. Ya no conseguían tener la esperanza de caminar por ella con gallardía, pues habían perdido la capacidad de pensar, sólo podían mirar y temblar.
Garfio sonrió con los dientes apretados burlándose de ellos y dio un paso hacia Wendy. Su intención era volverle la cara para que viera a los chicos caminando por la plancha uno por uno. Pero jamás llegó hasta ella, jamás oyó el grito de angustia que esperaba arrancarle. En cambio, oyó otra cosa.
Era el horrible tic tac del cocodrilo.
Todos lo oyeron: los piratas, los chicos, Wendy; e inmediatamente todas la cabezas se volvieron en una dirección; no hacia el agua, de donde procedía el ruido, sino hacia Garfio. Todos sabían que lo que estaba a punto de ocurrir sólo le concernía a él y que de actores habían pasado de repente a ser espectadores.
Fue espantoso observar el cambio que le sobrevino. Era como si le hubieran cortado todas las articulaciones. Cayó hecho un guiñapo.
El ruido se fue acercando sin parar y por delante de él surgió este horrendo pensamiento: «El cocodrilo está a punto de abordar el barco».