Peter Pan
Peter Pan —¡¿Que qué ocurre?! —aulló él, porque aulló de verdad—. Pues esta corbata, que no se anuda.
Se puso peligrosamente sarcástico.
—¡Alrededor de mi cuello, no! ¡Pero alrededor del barrote de la cama, sÃ! ¡Ya lo creo, veinte veces he logrado ponerla alrededor del barrote de la cama, pero alrededor de mi cuello, no! ¡Que, por favor, la disculpe!
Le pareció que la señora Darling no habÃa quedado debidamente impresionada y siguió muy serio:
—Te advierto, mamá, que como esta corbata no esté alrededor de mi cuello no salimos a cenar esta noche y, si no salgo a cenar esta noche, no vuelvo a la oficina en mi vida y, si no vuelvo a la oficina, tú y yo nos moriremos de hambre y nuestros hijos se verán arrojados al arroyo.
Incluso entonces la señora Darling no perdió la calma.