Peter Pan
Peter Pan —Sólo era una broma —rugió él, mientras ella consolaba a los chicos y Wendy abrazaba a Nana.
—Pues sà que sirve de mucho —dijo él amargamente—, que yo me mate tratando de hacer gracias en esta casa.
Y Wendy seguÃa abrazando a Nana.
—Muy bien —gritó él—. ¡MÃmala! A mà nadie me mima. ¡No, claro que no! Yo sólo soy el que trae el pan a esta casa, asà que por qué habrÃa que mimarme, ¡a ver por qué, por qué, por qué!
—George —le rogó la señora Darling—, no grites tanto, que ten van a oÃr los criados.
Por alguna razón habÃan adquirido la costumbre de llamar a Liza los criados.
—Pues que me oigan —contestó él sin miramientos—. Que me oiga el mundo entero. Pero me niego a dejar que ese perro siga haciéndose el amo del cuarto de mis niños una hora más.
Los niños se echaron a llorar y Nana corrió hasta él suplicante, pero él la apartó. VolvÃa a sentirse un hombre fuerte.
—Es inútil, es inútil —exclamó—, el lugar que te corresponde es el patio y allà es donde te voy a atar en este mismo instante.
—George, George —susurró la señora Darling—, recuerda lo que te he dicho sobre ese chiquillo.