Peter Pan
Peter Pan —Sobre todo —decÃa Garfio con pasión—, quiero a su capitán, Peter Pan. Fue él quien me cortó el brazo.
Agitó el garfio amenazadoramente.
—He esperado mucho para estrecharle la mano con esto. Ah, lo haré pedazos.
—Pero —dijo Smee—, yo he oÃdo a usted decir muchas veces que ese garfio valÃa por veinte manos, para peinarse y otros usos domésticos.
—Sà —contestó el capitán—, si yo fuera madre rezarÃa porque mis hijos nacieran con esto en vez de eso.
Y echó una mirada de orgullo a su mano de hierro y una de desprecio a la otra. Luego volvió a fruncir el ceño.
—Peter le echó mi brazo —dijo, estremeciéndose— a un cocodrilo que pasaba por allÃ.
—Ya he notado —dijo Smee— su extraño temor a los cocodrilos.
—A los cocodrilos no —le corrigió Garfio—, sino a ese cocodrilo.
Bajó la voz.
—Le gustó tanto mi brazo, Smee, que me ha seguido desde entonces, de mar en mar y de tierra en tierra, relamiéndose por lo que queda de mÃ.
—En cierto modo —dijo Smee—, es una especie de cumplido.