Peter Pan
Peter Pan —No quiero cumplidos de esa clase —soltó Garfio con petulancia—. Quiero a Peter Pan, que fue quien hizo que ese bicho me tomara gusto.
Se sentó en una gran seta y habló con voz temblorosa.
—Smee —dijo roncamente—, ese cocodrilo ya me habrÃa comido a estas horas, pero por una feliz casualidad se tragó un reloj que hace tic tac en su interior y por eso antes de que me pueda alcanzar oigo el tic tac y salgo corriendo.
Se echó a reÃr, pero con una risa hueca.
—Algún dÃa —dijo Smee—, el reloj se parará y entonces lo cogerá.
Garfio se humedeció los labios resecos.
—Sà —dijo—, ése es el temor que me atormenta.
Desde que se sentó se habÃa estado sintiendo extrañamente acalorado.
—Smee —dijo—, este asiento está caliente.
Se levantó de un salto.
—Por mil diablos tuertos, que me quemo.
Examinaron la seta, que era de un tamaño y una solidez desconocidos en el mundo real; intentaron arrancarla y se quedaron con ella en las manos al instante, pues no tenÃa raÃces. Y lo que es más raro, al momento comenzó a salir humo. Los piratas se miraron el uno al otro.