Las flores del mal
Las flores del mal Te haré con mi Respeto unos lindos Zapatos
de raso, humillados por tus divinos pies,
que, por encarcelarlos en un abrazo blando,
guardarán su huella igual que un molde fiel.
Si, pese a todo mi arte diligente, no puedo
labrarte por Escabel una Luna de plata,
situaré a la Serpiente que me roe las entrañas
bajo tus talones, para que pisotees y ridiculices,
Reina victoriosa y fecunda en redenciones,
a ese monstruo infatuado de odio y salivazos.
Verás que mis Pensamientos, en hileras como los Cirios
ante el altar florido de la Reina de las Vírgenes,
constelando de reflejos el techo pintado de azul,
te miran siempre con unos ojos de fuego;
y como todo en mí se enternece contigo y te admira,
todo se hará Benjuí, Incienso, Mirra, Olíbano,
y hacia ti sin cesar, cumbre blanca y nevada,
ascenderá en Vapores mi atormentado Espíritu.