Las flores del mal
Las flores del mal entre márgenes rosados y verdes,
a lo largo de millones de leguas,
hacia los confines del universo;
¡había piedras insólitas
y corrientes de agua mágicas; había
hielos inmensos deslumbrados
por todo lo que reflejaban!
Indiferentes y taciturnos,
varios Ganges, desde el firmamento,
derramaban el tesoro de sus fuentes
en precipicios de diamante.
Arquitecto de mis fantasmagorías,
yo hacía pasar, a mi antojo,
bajo un túnel de piedras preciosas
un océano domesticado;
y todo, hasta el mismo color negro,
parecía pulido, claro, irisado;
el líquido engastaba su gloria
en el rayo de luz cristalizado.
¡Pero, aparte de eso, ni un astro, ni un resto
de sol, ni siquiera a ras del horizonte,
para iluminar estos prodigios
que brillaban con su propio fulgor!
Y sobre estas palpitantes maravillas
se cernía (¡terrible sorpresa!,
¡todo para la vista, nada para el oído!)