Las flores del mal
Las flores del mal ¡oh Satán, ten piedad de mi miseria interminable!
Tú que, para consolar al hombre débil que sufre,
nos enseñaste a mezclar el nitrato con el azufre[51],
¡oh Satán, ten piedad de mi miseria interminable!
Tú que imprimes tu huella, oh cómplice sutil,
en la frente de Creso[52] despiadado y ruin,
¡oh Satán, ten piedad de mi miseria interminable!
Tú que pones en los ojos y en el corazón de las muchachas
el culto de la llaga y la atracción por el harapo,
¡oh Satán, ten piedad de mi miseria interminable!
Bastón de los exiliados, luminaria de los inventores,
confesor de los ahorcados y de los conspiradores,
¡oh Satán, ten piedad de mi miseria interminable!
Padre adoptivo de aquellos que Dios Padre