Las flores del mal
Las flores del mal la charlatana Humanidad, engreída por su talento,
e igual de loca hoy que lo estaba hace siglos,
gritándole a Dios, en su furiosa agonía:
“¡Oh mi doble, oh mi maestro, maldito seas!”
¡Y los menos estúpidos, que se atreven a preferir la Demencia,
huyendo del gran rebaño que el Destino acorrala
y refugiándose en el opio sin límites!
—Ése es el eterno resumen de noticias del globo terrestre.»
¡Amarga lección, la que se saca del viaje!
El mundo, monótono y pequeño, hoy,
ayer, mañana, siempre, nos hace ver nuestra imagen:
¡un oasis de horror en un desierto de tedio!
¿Hay que irse?, ¿o quedarse? Si puedes quedarte, quédate;
Vete, si es necesario. Hay quien corre y quien se encierra
para engañar al enemigo vigilante y funesto,
¡el Tiempo! Hay, por desgracia, corredores sin tregua,
como el Judío errante y como los apóstoles,