Las flores del mal
Las flores del mal Pórtate bien, oh Angustia mía, y estate quieta.
Reclamabas la Noche; ya cae; aquí está:
una atmósfera oscura envuelve la ciudad
trayendo a unos la paz, a otros la zozobra.
Mientras la muchedumbre vil de los mortales,
bajo el látigo del Placer, ese verdugo despiadado,
va a cosechar remordimientos en la fiesta servil,
Angustia mía, dame la mano; ven por aquí,
lejos de ellos. Mira cómo se asoman los Años difuntos
a los balcones del cielo, en ropajes anticuados;
cómo surge del fondo de las aguas la Pena sonriente;
cómo el Sol moribundo se adormece bajo un arco,
e, igual que un largo sudario que arrastra por Oriente,
oye, mi buena amiga, oye cómo la dulce Noche avanza.