Las flores del mal
Las flores del mal Hipólita, ¡mi hermana!, por eso, vuelve el rostro,
tú, alma mÃa y corazón mÃo, mi todo y mi mitad,
¡vuelve hacia mà tus ojos llenos de cielo y de estrellas!
¡Por una de esas miradas encantadoras, bálsamo divino,
yo apartaré los velos de los placeres más oscuros
y te adormeceré en un sueño sin fin!».
Pero entonces Hipólita, levantando su joven cabeza:
—«No soy nada ingrata y tampoco me arrepiento,
Delfina mÃa, sufro y estoy inquieta,
como tras un nocturno y terrible festÃn.
Siento abatirse sobre mà oprimentes terrores
y negros batallones de fantasmas revueltos
que quieren conducirme por caminos inseguros
cortados allá adonde vayan por un horizonte de sangre.
¿Es que hemos cometido una acción inaudita?
ExplÃcame, si puedes, mi turbación y mi espanto:
tiemblo de miedo cuando me dices: “¡Ãngel mÃo!â€