Las flores del mal
Las flores del mal vendrás a devolverme tus pechos estigmatizados…
¡Aquà abajo no podemos servir más que a un amo!».
Pero la muchacha, desahogando un inmenso dolor,
gritó de pronto: —«¡Siento cómo se ensancha en mi ser
un abismo expectante; ese abismo es mi corazón!
¡Ardiente como un volcán, profundo como el vacÃo!
Nada puede saciar a este monstruo que gime
ni aplacará la sed de la Euménide[73]
que, antorcha en mano, lo quema hasta hacerle sangre.
¡Que nuestras cortinas corridas nos separen del mundo,
y el desfallecimiento nos conduzca al reposo!
¡Quiero aniquilarme en tus pechos hondos
y encontrar en tu seno el frescor de las tumbas[74]!».
—¡Descended, descended, vÃctimas lamentables,
bajad por el camino del infierno eterno!
HundÃos en la sima más honda, donde todos los crÃmenes,