Las flores del mal
Las flores del mal flagelados por un viento que no viene del cielo,
hierven confusamente con un ruido tempestuoso.
Sombras locas, corred hacia la meta de vuestros deseos;
nunca vais a poder aplacar vuestra rabia,
y vuestro castigo nacerá de vuestros placeres.
Nunca un destello tierno iluminará vuestras cavernas;
Por las grietas de los muros hay miasmas febriles
que al penetrar se encienden como faros
e impregnan vuestro cuerpo con sus olores horrendos.
La áspera esterilidad de vuestro gozo
os hace más sedientas y endurece vuestra piel,
y el viento furibundo de la concupiscencia
hace ondear vuestra carne como una bandera vieja.
Alejadas de los pueblos fértiles, condenadas, errantes,
a través del desierto corred como los lobos;
¡cumplid vuestro destino, almas desbaratadas,
y huid del infinito que lleváis en vosotras!