Las flores del mal
Las flores del mal El Leteo[75]
Ven a mi corazón, alma cruel y sorda,
tigre adorado, monstruo de gestos indolentes;
quiero dejar hundidos mis dedos temblorosos
en la espesura de tu pelambre espesa;
en tus enaguas impregnadas de tu perfume
quiero sepultar mi cabeza apesadumbrada,
y respirar, como una flor marchita,
la dulce pestilencia de mi difunto amor.
¡Quiero dormir, dormir y no vivir!
En un sueño tan suave como la muerte,
repartiré mis besos sin un remordimiento
sobre tu hermoso cuerpo bruñido como el cobre.
Para ahogar mis sollozos sosegados
nada mejor que el abismo de tu cama;
el poderoso olvido habita en tu boca,
y el Leteo fluye en tus besos.
A mi destino, que es ya mi delicia,
obedeceré como un predestinado;
mártir sumiso, condenado inocente,
cuyo fervor acrecienta el suplicio,
he de chupar, para ahogar mi furor,
el elixir de dioses y la buena cicuta
en las yemas hechiceras de ese pecho afilado
que nunca ha aprisionado corazón.