Las flores del mal
Las flores del mal ¡Tonta, te vas al Diablo de cabeza!
De buena gana me irÃa contigo,
si tu espantosa velocidad
no me provocara cierto sobresalto.
¡Por eso, vete tú sola al Diablo!
Mis riñones, mis pulmones, mis pantorrillas
ya no me dejan rendir homenaje
a ese Señor, como serÃa justo.
«¡Ay, realmente es una gran lástima!»,
dicen mis riñones y mis pantorrillas.
¡Oh, muy de veras, cómo padezco
por no asistir a los aquelarres
para ver, cuando él suelta su pedo de azufre,
cómo le besas el culo!
¡Oh, muy de veras, cómo padezco!
Estoy demonÃacamente afligido
por no poder servirte de antorcha
y por pedirte que me des licencia,
¡llama del infierno! Considera, querida,
hasta qué punto debo de estar afligido,
ya que desde hace mucho tiempo te amo,
¡nada más lógico! Efectivamente,
como quiero buscar la crema del Mal
y no amar más que a un monstruo perfecto,
¡realmente, sÃ, viejo monstruo, te amo!