Las flores del mal
Las flores del mal El reloj, por su parte, dice en voz baja: «¡Ya está maduro,
el condenado! En vano amonesto a la carne infecta.
¡El hombre es ciego, sordo, frágil, como una pared
habitada y roída por un insecto!»
Y después aparece Alguien de quien todos habían renegado,
que les dice, burlón y altanero: «¿Me equivoco
o habéis comulgado de sobra en mi copón,
en la jolgoriosa Misa negra?
Cada uno de vosotros me ha erigido un templo en su alma;
¡habéis besado en secreto mi culo repugnante!
¡Por su risa victoriosa, reconoced a Satán,
enorme y feo como el mundo!
¿Quizá habéis llegado a creer, sorprendidos hipócritas,
que se le toma el pelo al maestro, y que se le hacen trampas,
y que sea normal recibir dos recompensas,
ir al Cielo y ser rico?
La presa tiene que rendirse al viejo cazador
aburrido de esperar tanto tiempo al acecho.