Las flores del mal
Las flores del mal Voy a llevaros conmigo a través de la espesura,
camaradas de mi triste alegría,
a través de la espesura de la tierra y la roca,
y de los montones deformes de vuestra ceniza,
hacia un palacio tan grande como yo, hecho de un solo bloque,
pero no de piedra blanda;
pues está construido con el Pecado universal,
¡y contiene mi orgullo, mi dolor y mi gloria!».
—Mientras tanto, posado en lo alto de la creación,
un Ángel anuncia la victoria
de aquéllos cuyo corazón dice: «¡Bendito sea tu látigo,
Señor!, ¡bendito sea, oh Padre, el dolor!
En tus manos mi alma no es un juguete inútil,
y tu prudencia es infinita».
El sonido de la trompeta es tan delicioso,
en estas tardes solemnes de las vendimias celestiales,
que penetra como un éxtasis en todos aquellos
a los que alaba con su canto.
