Las flores del mal
Las flores del mal 
La sandez, el error, la ruindad, el pecado,
nos ocupan el alma y desgastan nuestro cuerpo,
y alimentamos nuestros remordimientos complacientes
igual que los mendigos sustentan sus parásitos.
Nuestros pecados son testarudos, nuestros arrepentimientos son cobardes;
nos hacemos pagar con generosidad las confesiones,
y volvemos alegres al camino fangoso
creyendo que lavamos nuestras lacras con lágrimas abyectas.
En la almohada del mal es Satán Trismegisto
quien acuna sin prisa nuestra alma encantada,
y el valioso metal de nuestra voluntad
acaba evaporado por ese sabio químico.
¡El Diablo es quien sujeta los hilos que nos mueven!
En cosas repugnantes hallamos atractivos;
cada día descendemos un paso hacia el Infierno
sin horror, a través de tinieblas que hieden.
Igual que un libertino pobre que besa y come
el pecho maltratado de una antigua buscona,
