Las flores del mal
Las flores del mal robamos al pasar un placer clandestino
que exprimimos a fondo como una naranja añeja.
Apretado, hormigueante, como un millón de larvas,
retoza en nuestros sesos un pueblo de Demonios,
y cuando respiramos, baja la Muerte a nuestros pulmones
en un río invisible, con sordos lamentos.
Si ni la violación, ni el veneno, ni el puñal ni el incendio
han bordado hasta ahora con sus gratos dibujos
el banal cañamazo de nuestro destino lamentable,
es que nuestra alma, por desgracia, no es lo bastante atrevida.
Pero entre los chacales, las panteras, las perras de presa,
los monos, los escorpiones, los buitres, las serpientes,
los monstruos que gañen, aúllan, gruñen o reptan,
en la casa de fieras infame de nuestros vicios
¡hay uno más feo, más malvado, más inmundo!
Aunque no gesticule ni lance grandes gritos,