Las flores del mal
Las flores del mal ¡Encanto profundo, mágico, con el que nos embriaga
en el presente el pasado restablecido!
Así el amante sobre un cuerpo adorado
coge la flor exquisita del recuerdo.
De sus cabellos flexibles y espesos,
vivo saquito, incensario de alcoba,
subía un olor salvaje y montaraz,
y de sus ropas, muselina o terciopelo,
por completo impregnadas de su juventud pura,
se desprendía un perfume de pieles.
El marco
Como un hermoso marco añade a la pintura,
aunque sea de un autor muy encumbrado,
un no sé qué de extraño y de encantado
al aislarla de la naturaleza inmensa,
así joyas, metales, muebles y dorados
se adaptaban en todo a su rara belleza,
nada empañaba su claridad perfecta,
y era como si todo le sirviera de orla.
Incluso parecía a veces que pensaba
que todo quería amarla; ahogaba
su desnudez voluptuosamente
en los besos del raso y de la ropa íntima,
y, lenta o brusca, en cada movimiento
mostraba la infantil gracia del mono.