Las flores del mal
Las flores del mal A ti entrego estos versos para que si mi nombre
aborda felizmente en tiempos aún lejanos,
y una noche hace pensar a las seseras humanas,
como navío arribado gracias a un fuerte aquilón,
la memoria de ti, parecida a las fábulas borrosas,
importune al lector igual que un tímpano,
y por un fraternal y místico eslabón
quede como colgada de mis rimas altivas;
¡ser maldito a quien, desde el abismo profundo
hasta el cielo más alto, nada, excepto yo, atiende!,
—¡Oh tú que, como una sombra cuya huella es efímera,
oprimes con pie airoso y mirada serena
a los necios mortales que te han juzgado amarga,
estatua de ojos de azabache, ángel magnífico con frente de bronce!
