Las flores del mal
Las flores del mal como una niña endeble, horrible, oscura, inmunda,
de la que su familia se sonrojaría
y a la que habría encerrado durante mucho tiempo, para aislarla del mundo,
en secreto en un sótano.
Tu nota, pobre ángel, cantaba desgarrada:
«¡Qué inseguro es todo en este mundo,
cómo ocurre siempre que, aun disfrazado con esmero,
el egoísmo humano se traiciona;
qué duro oficio es el de mujer hermosa,
y qué trivial trabajo
el de la bailarina alocada y fría que desfallece
en una sonrisa maquinal;
qué estúpido es construir sobre los corazones;
cómo se desmorona todo, amor y belleza,
hasta que el Olvido los echa en su zurrón
para llevarlos a la Eternidad!».
He evocado a menudo aquella luna mágica,
aquel silencio y aquella languidez,
y aquella confidencia horrible musitada
en el confesonario del corazón.