Paraisos artificiales
Paraisos artificiales En efecto, añade el autor, el crimen y la miseria se alejan generalmente a la mirada pública, e inclusive en los cementerios, se apartan de las personas corrientes, como si renunciasen humildemente a todos los derechos de compañerismo con la familia humana. Pero en el caso del opiómano no hay delito, sino sólo debilidad, y una debilidad que se excusa muy fácilmente, como una biografía preliminar va a demostrarlo. Por otra parte, el beneficio que pueden obtener otros de las notas de una experiencia comprada a tan alto precio, puede compensar ampliamente la violencia de que el pudor moral es objeto y crear una excepción legítima.