Paraisos artificiales
Paraisos artificiales »Las ocasiones para la risa y las lágrimas se entrelazan y mezclan tan bien en esta vida que no puedo recordar sin sonreírme, un incidente que se produjo entonces y estuvo a punto de impedirme la inmediata ejecución de mi plan. Tenía una valija muy pesada que, además de mis ropas, contenía casi toda mi biblioteca. La dificultad consistía en llevarla hasta una cochería. Mi habitación se hallaba a una altura aérea, pero lo peor era que la escalera que conducía a aquel lado del edificio terminaba en un corredor que pasaba por delante de la puerta de la habitación del director. Me adoraban todos los sirvientes, y como sabía que cualquiera de ellos se apresuraría a servirme secretamente, confié mi dificultad a un criado del director. Juró que haría todo lo que quisiera, y cuando llegó el momento subió por la escalera para llevar la valija. Mucho temía yo que aquello superase las fuerzas de un solo hombre, pero aquel groom era un mocetón dotado
con los hombros de un Atlas, hechos para sostener el peso de las monarquías más fornidas