Paraisos artificiales
Paraisos artificiales Y, sin embargo, tiene la espalda y los riñones desollados por el peso de su mochila. Le acosan los disgustos domésticos. Le han cansado cuarenta años de trabajo y de caminatas. La vejez le atormenta. Pero el vino, como un nuevo Pactolo, hace correr a través de la humanidad languideciente un oro intelectual. Como los buenos reyes, reina por sus servicios y canta sus proezas con la garganta de sus súbditos.
Hay en el globo terráqueo una multitud innumerable y sin nombre, cuyo sueño no adormecería bastante los sufrimientos. El vino compone para ella canciones y poemas.