Paraisos artificiales
Paraisos artificiales »AsÃ, pues, Oxford Street, madrastra de corazón de piedra, tú que has oÃdo los suspiros de los huérfanos y bebido las lágrimas de los niños, ¡por fin me libré de ti! HabÃa llegado el tiempo en que ya no me verÃa condenado a recorrer dolorosamente tus aceras interminables, a agitarme entre pesadillas espantosas o en un insomnio hambriento. Ana y yo hemos tenido sucesores excesivamente numerosos que han pisado las huellas de nuestros pasos; herederos de nuestras calamidades, han suspirado otros huérfanos y otros niños han derramado lágrimas; y tú Oxford Street, has repetido desde entonces el eco de los gemidos de muchos corazones. Mas para mÃ, no obstante, la tormenta a la que habÃa sobrevivido parecÃa haber sido la prenda de una hermosa estación prolongada».