Paraisos artificiales
Paraisos artificiales «El gran secreto de la felicidad, sobre el cual los filósofos habían discutido durante tantos siglos, estaba descubierto decididamente en consecuencia. Se podía comprar la dicha por un penique y llevarla en el bolsillo del chaleco; el éxtasis se dejaría encerrar en la botella y la paz del espíritu podría ser remitida por correo. Tal vez el lector crea que deseo reírme, pero en mí es una vieja costumbre reírme en el sufrimiento, y puedo afirmar que nunca reirá largo tiempo quien mantenga comercio con el opio. Sus goces son graves y solemnes, y en su mejor estado el opiómano no puede presentarse con el modo animado del allegro, pues en ese momento también habla y medita con el modo pensieroso».