Paraisos artificiales
Paraisos artificiales Pero a veces, los sábados por la noche, otra tentación de sabor más extraño y no menor encanto vencÃa a su afición a la ópera italiana. El placer en cuestión, tan atrayente que podÃa rivalizar con la música, se le podrÃa llamar diletantismo de carácter caritativo. El autor habÃa sido probado desdichada y singularmente y abandonado muy joven en el torbellino indiferente de una gran capital. Aun cuando su Ãndole hubiese sido, como han podido advertir los lectores, buena, delicada y afectuosa, se podrÃa suponer fácilmente que en sus largas jornadas vagabundas y en sus noches de angustia todavÃa más largas, habÃa aprendido a amar y a mostrar compasión por los pobres. El exestudiante quiere ver de nuevo la vida de los humildes, quiere hundirse en el seno de esa multitud de indigentes, y como el nadador abraza el mar para establecer un contacto más directo con la naturaleza, él aspira a tomar, para decirlo asÃ, un baño de multitud. Aquà el tono del libro se eleva lo suficiente para verme obligado a ceder la palabra al autor mismo: