Paraisos artificiales

Paraisos artificiales

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

«Todas las noches me transportaba ese hombre al corazón de los paisajes asiáticos. No sé si otras personas comparten mis sentimientos al respecto, pero con frecuencia he pensado que si me viera obligado a abandonar Inglaterra para vivir en China, en las modas, los amaneramientos y las decoraciones de la vida china, me volvería loco. Las causas de mi horror son profundas y algunas de ellas también deben experimentarlas otros hombres. El Asia meridional es, generalmente, una sede de imágenes terribles y de temibles asociaciones de ideas; sólo por ser la cuna de todo el género humano debe exhalar no sé qué sensación vaga de espanto y de respeto. Pero hay otras razones. Nadie pretenderá que las extrañas, bárbaras y caprichosas supersticiones del África, o de las tribus salvajes de cualquier otra parte, le puedan afectar de la misma manera que las viejas, monumentales, crueles y complicadas religiones del Indostán. La antigüedad de las cosas del Asia, de sus instituciones, sus anales y sus sistemas de fe, posee para mí algo tan sorprendente: la vejez de la raza y de los nombres, algo tan dominante, que aniquila por sí sola la juventud del individuo. Un joven chino me parece un hombre antediluviano renovado. Los ingleses mismos, aunque no hayan sido educados en el conocimiento de tales instituciones, no pueden dejar de estremecerse ante la mística sublimidad de esas castas, cada una de las cuales ha seguido un camino distinto y se han negado siempre a mezclar sus corrientes durante períodos de tiempo inmemoriales. Nadie puede dejar de sentir gran respeto por los nombres del Ganges y del Eufrates. Y lo que aumenta mucho tales sentimientos es que el Asia meridional ha sido y sigue siendo desde hace millares de años, la parte de la tierra donde hormiguea más la vida humana, la gran officina gentium. El hombre, en esos países, crece como la hierba. Los vastos imperios en los cuales se ha moldeado siempre la enorme población del Asia agregan una grandeza más a los sentimientos que suscitan las imágenes y los nombres orientales. En China, sobre todo, y sin tener en cuenta todo lo que comparte con el Asia meridional, me aterrorizan los sistemas de vida y las costumbres, lo que se debe a una repugnancia absoluta, a una barrera de sentimientos que nos separan de ella y que son demasiado profundos para que se pueda analizarlos. Me parecería más cómodo vivir con lunáticos o con brutos. Es necesario que el lector se compenetre con todas estas ideas y otras muchas que no puedo decir o no puedo expresar por carencia de tiempo, para que comprenda todo el horror que imprimen en mi mente esos sueños de imágenes orientales y de torturas mitológicas.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker