Paraisos artificiales
Paraisos artificiales »Bajo las dos condiciones conexas del calor tropical y la luz vertical, recogí todas las criaturas, aves, animales, reptiles, árboles y plantas, costumbres y espectáculos que se suele encontrar comúnmente en toda la región de los trópicos, y los arrojé confusamente en China o el Indostán. Con sentimiento análogo me apoderé de Egipto y de todos sus dioses y los sometí a la misma ley. Monos, loros y cacatúas me miraban fijamente, me gritaban, me ponían mal gesto y cotorreaban a mi costa. Yo me refugiaba en las pagodas y durante siglos me quedaba en su cima o encerrado en cámaras secretas. Era el ídolo, el sacerdote, me adoraban y me sacrificaban. Huía de la cólera de Brahma a través de todos los bosques del Asia; Vishnú me odiaba y Siva me tendía una emboscada. Caía súbitamente en poder de Isis y Osiris, pues, según se decía, yo había cometido algún crimen que hacía estremecerse a Isis y el cocodrilo. Durante un millar de años permanecí encerrado en féretros de piedra, con esfinges y momias en las estrechas celdas del centro de las pirámides eternas. Me besaban los cocodrilos con besos cancerosos y me deslizaba entre los lodos y las cañas del Nilo entre una turbamulta de cosas inexpresables y viscosas.