Paraisos artificiales
Paraisos artificiales Una o dos anécdotas más y dogmatizaremos. Un día, en una acera, vi un gran grupo de gente; conseguí mirar por encima de los hombros de los pazguatos y observé lo siguiente: un hombre tendido en tierra, de espaldas y con los ojos abiertos fijos en el cielo, y otro hombre de pie delante de él hablándole solamente con gestos; el hombre tendido en tierra le respondía sólo con la mirada y ambos parecían animados por una benevolencia prodigiosa. Los gestos del hombre de pie decían a la inteligencia del hombre tendido: «Ven, ven de nuevo, la dicha está allí, a dos pasos, ven hasta la esquina de la calle. No hemos perdido por completo de vista la costa de la aflicción, todavía no estamos en la alta mar del ensueño; vamos, valor, amigo, diles a tus piernas que satisfagan tu pensamiento».