Paraisos artificiales
Paraisos artificiales El autor cita otro ejemplo de sus concepciones morbosas y este último sueño (que data de 1820) es tanto más terrible por ser todavÃa más vago y de carácter más incomprensible y, porque, aunque lo empapa por completo una sensación punzante, se presenta en la decoración movediza y elástica de lo infinito. Desespero de traducir adecuadamente la magia del estilo del escritor inglés.