Paraisos artificiales
Paraisos artificiales Sin embargo, pensaréis tal vez que ese espectro, acostumbrado desde hace ya largo tiempo a una devoción ciega, se inclina a obedecer todos los cultos y que su servilismo genuino hace insignificante su homenaje. Busquemos, pues, otro medio de verificar la índole de ese ser singular. Supongo que en vuestra infancia sufristeis algún dolor inefable, que atravesasteis por una desesperanza incurable, una de esas desolaciones silenciosas que lloran tras un velo, lo mismo que la Judea de las medallas romanas, sentada tristemente a la sombra de su palmera. Velaos la cabeza en conmemoración de tan gran sufrimiento. El fantasma del Brocken también se ha velado la cabeza como si poseyera un corazón humano y como si quisiera expresar, con un símbolo silencioso, el recuerdo de un sufrimiento demasiado grande para que se lo pueda expresar con palabras. «Esta prueba es decisiva. Ahora sabéis que el fantasma es vuestro propio reflejo y que, al dirigir a ese fantasma la expresión de vuestros sentimientos secretos, hacéis de él el espejo simbólico donde se refleja, a la claridad del día, lo que de otra manera se quedaría oculto para siempre».