Paraisos artificiales

Paraisos artificiales

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Encuentro al pie de una página una nota que, relacionada con la muerte reciente de De Quincey, adquiere un significado lúgubre. Los Suspiria de profundis, en el pensamiento del autor, debían extenderse y agrandarse singularmente. La nota anuncia que la leyenda sobre las Hermanas de las Tristezas proporcionará una división natural para las publicaciones posteriores. Por consiguiente, así como la primera parte (la muerte de Elisabeth y las lamentaciones de su hermano) se refiere lógicamente a la Madona, o Nuestra Señora de las Lágrimas, así también la parte nueva, Los mundos de los parias, debía colocarse bajo la invocación de Nuestra Señora de los Suspiros; y en fin, Nuestra Señora de las Tinieblas debía patrocinar el reino de las Tinieblas. Pero la Muerte, a la que no consultamos sobre nuestros proyectos y a la que no podemos pedirle su aquiescencia; la Muerte, que nos deja soñar con la dicha y la fama y que no dice ni que sí ni que no, sale bruscamente de su emboscada y barre de un aletazo nuestros planes, nuestros sueños y las arquitecturas ideales donde albergábamos mentalmente la gloria de nuestros últimos días.






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