Paraisos artificiales
Paraisos artificiales En ese estado supremo, el amor, en los espÃritus afectuosos y artÃsticos, toma las formas más raras y se presta a las combinaciones más extravagantes. Un libertinaje desenfrenado puede amalgamarse con un sentimiento de paternidad ardiente y cariñosa.
Mi última observación no será la menos interesante. Cuando en la mañana del dÃa siguiente veis la luz del sol instalada en vuestra habitación, vuestra primera sensación es de profundo asombro. El tiempo habÃa desaparecido por completo. Poco antes era la noche y al presente es el dÃa. «¿He dormido o no he dormido? ¿Mi embriaguez ha durado toda la noche y, suprimida la noción del tiempo, la noche entera apenas ha tenido para mà el valor de un segundo? ¿O bien he estado amortajado en los velos de un sueño repleto de visiones?». No es posible saberlo.
Os parece que experimentáis un bienestar y una agilidad mental maravillosos y ninguna fatiga. Pero apenas os levantáis un resto de la embriaguez se pone de manifiesto. Vuestras débiles piernas os conducen con timidez, teméis romperos como un objeto frágil. Una gran languidez, que no carece de encanto, se apodera de vuestro ánimo. Sois incapaces de trabajar y os falta energÃa para la acción.