Paraisos artificiales
Paraisos artificiales Asà pues, puede afirmarse que esa impersonalidad, ese objetivismo del que he hablado, y que no es sino el desarrollo excesivo del espÃritu poético, no se encontrará nunca en el hachÃs de esa gente.
VI
El gobierno de Egipto prohÃbe la venta y el comercio del hachÃs, en el interior del paÃs por lo menos. Los desdichados apasionados por él acuden al farmacéutico, con el pretexto de comprar otra droga, para adquirir su pequeña dosis preparada de antemano. El gobierno egipcio hace bien. Un estado razonable no podrÃa subsistir si se emplease el hachÃs, que no crea guerreros ni ciudadanos. En efecto, al hombre le está prohibido, bajo pena de decadencia y de muerte intelectual, alterar las condiciones primordiales de su existencia y romper el equilibrio entre el medio y sus facultades. Si existiera un gobierno interesado en corromper a sus gobernados le bastarÃa con alentar el empleo del hachÃs.
