Paraisos artificiales
Paraisos artificiales En la embriaguez del hachís nada hay que se le parezca. No saldremos del sueño natural. La embriaguez, en toda su duración, no será ciertamente sino un inmenso sueño, gracias a la intensidad de los colores y a la rapidez de las concepciones, mas conservará siempre la tonalidad particular del individuo. El hombre ha querido soñar y el sueño gobernará al hombre, pero ese sueño será el hijo de su padre. El ocioso se ha ingeniado para introducir artificialmente lo sobrenatural en su vida y su pensamiento, pero no es, después de todo y a pesar de la energía accidental de sus sensaciones, sino el mismo hombre aumentado, el mismo número elevado a una potencia muy alta. Se halla subyugado, pero para su desgracia, sólo lo está por él mismo, es decir por la parte dominante de él mismo; ha querido hacerse ángel y se ha convertido en bestia, momentáneamente muy potente si, no obstante, se puede llamar potencia a una sensibilidad excesiva sin gobierno que la modere o explote.