Paraisos artificiales
Paraisos artificiales Presumo que habéis tenido la precaución de elegir bien el momento para esa expedición aventurera. Todo libertinaje perfecto requiere un ocio perfecto. Por lo demás, sabéis que el hachÃs crea, no sólo la exageración del individuo, sino también la de la circunstancia y el ambiente; no tenéis que cumplir deberes que exigen puntualidad y exactitud; nada de disgustos familiares ni de penas de amor. Hay que tener cuidado: ese disgusto, esa inquietud, ese recuerdo que reclama vuestra atención y vuestra voluntad en un momento determinado, resonarÃan como un campaneo fúnebre a través de vuestra embriaguez y envenenarÃa vuestro goce. La inquietud se convertirÃa en angustia y el disgusto en tortura. Si todas esas condiciones preliminares han sido observadas, el tiempo es bueno y estáis situados en un medio ambiente favorable, como un paisaje pintoresco o una habitación poéticamente decorada, si además podéis escuchar un poco de música, todo saldrá muy bien.