Paraisos artificiales
Paraisos artificiales Esa alegría, alternativamente lánguida o punzante, ese malestar en el júbilo, esa inseguridad, esa indecisión de la enfermedad, no duran generalmente sino un tiempo muy breve. Pronto las asociaciones de ideas se van haciendo tan vagas, el hilo conductor que liga vuestros conceptos tan tenue, que sólo pueden comprenderos vuestros cómplices. Y además, con respecto a ese tema y a ese aspecto es imposible toda comprobación; tal vez crean comprenderos y la ilusión es recíproca. Ese jugueteo y esas carcajadas que se parecen a explosiones, se presentan como una verdadera locura, o por lo menos como una tontería de maníaco a todo el que no se halla en el mismo estado que vosotros. Así también la cordura y el buen sentido, la regularidad de los pensamientos del testigo prudente que no se ha emborrachado, os regocija y divierte como un género particular de demencia. Los papeles se invierten. Su serenidad os impulsa a los últimos límites de la ironía. ¿No es una situación misteriosamente cómica la de un hombre que goza de un júbilo incomprensible para quien no se ha colocado en el mismo ambiente que él? El loco se compadece del cuerdo y desde entonces la idea de su superioridad comienza a despuntar en el horizonte de su intelecto. Muy pronto crecerá, se agrandará y estallará como un meteoro.