Paraisos artificiales
Paraisos artificiales »Los actores me parecían excesivamente pequeños y cercados por un contorno preciso y cuidadoso, como las figuras de Meissonier. Veía claramente, no sólo los detalles más minuciosos de sus atavíos, como los dibujos de los paños, las costuras, los botones, etcétera, sino también la línea que separaba el frente falso del verdadero, el blanco, el azul, el rojo y las gesticulaciones. Y aquellos liliputienses estaban revestidos con una claridad fría y mágica, como la que un vidrio muy límpido agrega a una pintura al óleo. Cuando pude salir por fin de aquella cueva de tinieblas heladas y la fantasmagoría interior se disipaba, fui nuevamente dueño de mí mismo, sentí un cansancio mayor que el que me había causado nunca un trabajo tenso y violento».