Paraisos artificiales
Paraisos artificiales Cuando hablo de alucinaciones no hay que tomar la palabra en su sentido más estricto. Un matiz muy importante distingue a la alucinación pura, tal como la que los médicos tienen ocasión de estudiar con frecuencia, de la alucinación o más bien del error de los sentidos en el estado mental causado por el hachÃs. En el primer caso, la alucinación es súbita, fatal y completa; además, no encuentra excusa ni pretexto en el mundo de los objetos exteriores; el enfermo ve formas y percibe sonidos donde no los hay. En el segundo caso, la alucinación es progresiva, casi voluntaria y no se hace completa ni madura sino por obra de la imaginación. En fin, tiene un pretexto. El sonido hablará y dirá cosas claras, pero el sonido existe. Los ojos ebrios del hombre drogado con el hachÃs verán formas extrañas, pero antes de ser extrañas y monstruosas esas formas eran simples y naturales. La energÃa, la vivacidad verdaderamente parlante de la alucinación en la embriaguez no invalida en modo alguno esa diferencia original. Aquélla tiene una raÃz en el medio ambiente y en el tiempo presente, y éste no la tiene.