Paraisos artificiales
Paraisos artificiales Para hacer que se comprenda mejor ese hervidero de la imaginación, esa maduración del ensueño y ese alumbramiento poético al que está condenado un cerebro intoxicado por el hachís, relataré otra anécdota. Esta vez el que habla no es un joven ocioso, ni tampoco un literato, sino una mujer, una mujer algo madura, curiosa y de índole excitable, la que, habiendo cedido al deseo de conocer el veneno, describe así, para otra dama, la principal de sus visiones. Transcribo literalmente: