Paraisos artificiales
Paraisos artificiales Asà se expresa, por boca de sus personajes, el maestro de lo horrible, el prÃncipe del misterio. Esas dos caracterÃsticas del opio son perfectamente aplicables al hachÃs; tanto en uno como en otro caso, la inteligencia, anteriormente libre, se hace esclava; pero la palabra rapsódico, que define tan bien una serie de pensamientos sugerida e impuesta por el mundo exterior y el azar de las circunstancias, es de una verdad más verdadera y más terrible en el caso del hachÃs. En éste el razonamiento no es más que un bien mostrenco a merced de todas las corrientes y la serie de pensamientos se acelera infinitamente y es mucho más rapsódica. Esto equivale a decir, según creo, de una manera suficientemente clara, que el hachÃs es, en su efecto inmediato, mucho más vehemente que el opio, mucho más enemigo de la vida corriente, en una palabra, mucho más perturbador. Ignoro si diez años de intoxicación con el hachÃs traerán consigo desgracias iguales a las causadas por diez años de régimen de opio; digo que en la actualidad y en el perÃodo que seguirá inmediatamente el hachÃs produce consecuencias más funestas; el uno es un seductor apacible y el otro un demonio desordenado.